La oración es una disciplina clave en tu discipulado con Jesús. Y aunque la oración es “solo” una práctica, me atrevería a decir que sin una verdadera vida de oración, todo se vuelve nada.
Podemos ver lo importante que es la oración en la vida de Jesús. Si abres tu Biblia en el Evangelio de Lucas y pasas prácticamente cualquier página, encontrarás a Jesús orando.
Jesús hizo muchas cosas increíbles, pero la oración estaba entretejida en todo lo que era. Era el fundamento de todo lo que hacía. Y la valoraba más que el sueño. Por eso no me sorprende que la única petición de los discípulos haya sido...
Y Jesús les responde con lo que hoy conocemos como el Padre Nuestro.
Y te digo algo: el Padre Nuestro es mucho más que una oración para recitar.
Es una plantilla estratégica para una vida de oración poderosa. En la primera mitad, vemos el marco de oración que Jesús nos da. Y para sorpresa nuestra, no empieza con una lista de necesidades, sino con declaraciones de adoración y entrega al Padre.
La manera en que ves a quien le estás orando va a definir o destruir tu vida de oración. Nunca lo olvides: Él es tu Buen Padre, con intenciones aún mejores.
“Santificado” o “apartado como santo” puede sonar como una palabra religiosa o moral, pero es mucho más profundo. Lo santo es lo bello, lo bueno y lo verdadero. Lo único, sin comparación en todo el universo. Esta frase es una invitación a que el Padre sea apartado como santo en tu corazón, en tu mente y en tu alma.
Para Jesús, la oración es la principal forma en la que el Reino de Dios irrumpe en la tierra, no el esfuerzo humano ni el gran conocimiento. Y la respuesta de Dios a tus oraciones nunca es simbólica o vacía. Tus peticiones realmente importan. Estamos colaborando con el Espíritu Santo para mover la realidad en dirección a la voluntad de Dios.
Si meditas en estas tres verdades, la manera en la que oras, especialmente la segunda parte del Padre Nuestro, nunca será la misma. Y por eso digo que la oración es una disciplina clave en tu discipulado con Jesús.